Era una madrugada tranquila de
noviembre de 2012. La luna brillaba en lo alto, iluminando las calles vacías de
mi vecindario. En ese momento, yo estaba sentada junto a la ventana de mi
habitación, disfrutando del silencio y la calma que solo la noche puede
ofrecer. De repente, algo inusual llamó mi atención: una intensa luz que
parecía provenir del cielo, una luz que no era de este mundo.
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